mar 19a. Ordinario año Par (Id=543)

Antífona de Entrada

Entremos y adoremos de rodillas al Señor, creador nuestro, porque él es nuestro Dios.

[Misa]

Oración Colecta

Oremos:
Señor, que tu amor incansable cuide y proteja siempre a estos hijos tuyos, que has puesto en tu gracia toda su esperanza.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.

[Misa]

Primera Lectura

Me dio a comer el libro y me supo dulce como la miel

Lectura del libro del profeta Ezequiel
2, 8-3 ,4

Esto dice el Señor:
"Hijo de hombre, escucha lo que voy a decirte y no seas rebelde como la casa rebelde. Abre la boca y come lo que voy a darte".
Vi entonces una mano tendida hacia mí, con un libro enrollado. Lo desenrolló ante mí: estaba escrito por dentro y por fuera; tenía escritas lamentaciones y amenazas. Y me dijo:
"Hijo de hombre, come lo que tienes aquí; cómete este libro y vete a hablar a los hijos de Israel".
Abrí la boca y me dio a comer el libro, diciéndome:
"Hijo de hombre, alimenta tu vientre y sacia tus entrañas con este libro que te doy".
Me lo comí y me supo dulce como la miel. Y me dijo:
"Hijo de hombre, anda; dirígete a los hijos de Israel y diles mis palabras".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 118

Tus mandamientos, Señor, son mi alegría.

Me gozo más cumpliendo tus preceptos que teniendo riquezas. Tus mandamientos, Señor, son mi alegría; ellos son también mis consejeros.
Tus mandamientos, Señor, son mi alegría.

Para mí valen más tus enseñanzas que miles de monedas de oro y plata. ¡Qué dulce al paladar son tus promesas, más que miel en la boca!
Tus mandamientos, Señor, son mi alegría.

Tus preceptos son mi herencia perpetua, la alegría en mi corazón. Hondamente suspiro, Señor, por guardar tus mandamientos.
Tus mandamientos, Señor, son mi alegría.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Tomen mi yugo sobre ustedes dice el Señor, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón.
Aleluya.

Evangelio

Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo
18, 1-5. 10. 12-14

Gloria a ti, Señor.

En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:
"¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?"
Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo:
"Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así, pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí.
Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, pues yo les digo que sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo.
¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella, que por las noventa y nueve que no se le perdieron. De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

[Misa]

Oración sobre las Ofrendas

Señor, Dios nuestro, tú que nos has dado este pan y este vino para reparar nuestras fuerzas, conviértelos para nosotros en sacramento de vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

[Misa]

Prefacio

La salvación por Cristo

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Pues por amor creaste al hombre, y, aunque condenado justamente, lo redimiste por tu misericordia. por Cristo nuestro Señor.
Por Él, los ángeles y arcángeles, y todos los coros celestiales celebran tu gloria, unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces, cantando humildemente tu alabanza:
[Misa]

Antífona de la Comunión

Demos gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace por su pueblo; porque da de beber al que tiene sed y les da de comer a los hambrientos.

[Misa]

Oración después de la Comunión

Oremos:
Señor, tú que has querido hacernos participar de un mismo pan y de un mismo cáliz, concédenos vivir de tal manera unidos en Cristo, que nuestro trabajo sea eficaz para la salvación del mundo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén

[Misa]

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